Otoño

Encima del mueblecillo, se posaban algunos libros, la mayoría forrados en piel con un título que oraba algo excesivamente escueto. Entre ellos, uno llamó pérfidamente mi atención, el nombre de la obra rezaba: Romanticismo. Lo tomé con cuidado para no tirar otros libros y despacio me senté sobre la cama, tratando de hacer el menor movimiento posible. Una vez sentado, pasé los dedos sobre la portada acariciándola delicadamente, como si se tratara de la piel que se encontraba a escasos centímetros míos...