Codex: Truco de manos

 

El agua era cristalina e inocente como sus ojos cérvidos, la música del concierto se atenuó y como algo a la lejanía, apenas era audible (efecto Doppler). Como un cohete que nos dispara dentro de una estrella que estaba brillando amarilla; esa sensación apareció como si se tratase del primer día de mi vida en que escuché esos acordes mágicos en su voz y comencé a temblar.

Un código indescifrable contrastado en la canción que el verano canta y el «otoño» que el verano trae, sin embargo algo cambió con la música exteriorizando melancolía que lanzaba anatemas al aire delgado en un resplandor eterno a través de un camino salvaje cubierto con pérfidas flores de cerezo.

Entonces le vi danzando en la oscuridad junto a los robots de todos los días. Me cantó tan suavemente al oído hasta convertirse en el anochecer azul de cada día. Empezamos caminando sobre terciopelo azul y al querer mostrarle el mundo en mis ojos, decidió que era mejor ir a dar una vuelta por el universo.

Y fue como debía ser, tan irracional como la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro (π) y a veces existencial, escéptico, absurdo y a menudo plagado de citas nietzscheanas como en el cine; desde los estudios de Kubrick hasta los paralelismos de Allen. Y no sé si fue en más o en menos de nueve semanas y media, pero cuando pensaba que ya nada iba a cambiar mi mundo, lo consiguió; justo como la miel le cambia la vida a un oso grizzli.

Me sentí como el pez en el agua o cualquier otra criatura de un día atrapada y libre en un cielo de vainilla, hasta que apareció un dragón tatuado con ojos de gato y de buen apetito para devorar esto y devolverlo después de la náusea de inseguridad y exasperación.

Arrojamos un poco de sangre en este último baile. Ya hemos cometido errores, bajado y subido una y otra vez. No lo advertimos y en un mal día el gran escape comenzó. Ya no sé cómo mantenerme a flote.

Extrañas cosas pasarán, a veces rápido y otras más lento. A lo largo del tiempo y con el viento avanzamos, llegamos, perdimos el control y volvimos a comenzar. Probablemente nadie me amará como tú, pues solías decir que había una flama en mi corazón y aunque como Dios, esta, ha muerto y el amor nos destrozará otra vez, debo decir gracias a ti también.

Pues pese a todo, me alegra no haber muerto antes de conocerte.

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