Adiós

 

Un duplo de circunferencias equidistantes,
cuya tenue luz orbita lejos en lo taciturno,
igual a dos faros de brillo lívido distantes,
que se aproximan en el bulevar oscuro;
porque la luna converge esos ojos grandes.

Un par de líneas curvas se intersectan,
son muy finas y se aprecian suaves,
líneas rojas como el color de la sangre,
pero basta con que se separen despacio
para que una nueva luz inunde el espacio;
porque su sonrisa paraliza.

Lo siguiente debía ser una paradoja,
luce ligera como la arena del desierto,
suave y humectada como tierra mojada,
del mismo tono que la leche pintada,
teñida por algunos granillos de café;
porque su piel sugiere un tibio cappuccino.

Filamentos se deslizan como agua que cae,
pero todos con un par de tendencias,
a la izquierda se van desvaneciendo lento,
a la derecha los más holgados hundiéndose;
porque su cabello reposa sobre montañas.

Aquellas circunferencias no parpadean,
los filamentos siguen acariciándole la piel
el café cappuccino que se mantiene caliente,
pero las líneas tan quietas dejan de estarlo;
porque se zarandean al articular un: -Adiós.
Luego, se marcha.

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