Muerte

La vida concluye, termina en un breve instante, nos paralogiza con argumentos, pues es ineludible etapa de todo ser. No perdona, nunca deja a alguien sin besar, a unos antes a otros después, tal vez el día en curso, quizá mañana, la cierto es que todo ser algún día caerá tendido en sus fríos brazos, sin retorno. Sin esperanza concluirá la vida y se perderá en la brisa, con el aire igual que un segundo que se pierde en el tenue sonido del segundero de aquel viejo reloj de pared.

En algo tan pequeño como un segundo se define el destino de una vida bien o mal vivida. Corta, quizá larga, nadie lo sabe, sólo el dueño del alma que ahora se escapa sabrá si la supo vivir o no, disfrutando de las breves pero importantes cosas.

Así es como en un abrir y cerrar de ojos, el corazón de alguien muy especial puede dejar de emitir ése breve pero agradable sonido de los latidos que brindaban vida a su ser. Un breve instante dónde no habrá más luz en sus ojos que brillaban y deslumbraban así con su sonrisa, ya no, no más.

No queda más que el recuerdo de los buenos tiempos, las risas, el llanto, todo lo bueno y lo malo dentro de un pensamiento y recuerdo que se queda grabado con fuego en el corazón de un amiga, de un hermana. Sólo un sueño, un largo y mal sueño. Habrá que esperar sin miedo a su beso.

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