La política adecuada

Viste tu traje, ha llegado la hora, todos los impostores, ladrones, mentirosos e hipócritas están saliendo, la gente malvada y maligna. Vístete, no hay tiempo que puedas perder. Al parecer eres buena en lo que haces, lúcete en medio de la noche, bajo la oscura y tenue luz de la luna, monótonamente se aprecia a simple vista tu falsedad. Hay noticias, hoy también. Hasta en días normales es demasiado, más que evidente.

¿Qué? ¿No sabes adónde correr?, dónde ocultarte con tu mísera, aburrida y asquerosa careta. Ni siquiera cómo ocultar tu obvio bifrontismo, eso que aparentas ser cuando no eres ni la mitad de lo que quisieras.

Qué novedoso, antes él se deslizaba cual miserable gusano, con el corazón más cegado que enamorado, pero no te preocupes que objetivamente no es más que un músculo cardíaco. Varias veces dudaba ya, si en verdad la sangre corría dentro de sus venas como en las tuyas, en las que fluye la maldad, siempre pagando por tus errores. Dentro, la dificultad incrementa, al atardecer en el que vareaba la tonalidad del cielo a una bruna, cuando necesitas dar farisaica expresión, solo para condescender.

¿Cuántos muertos más en tu jardín?
Sórdida, infeliz, maldita e infernal, palabras que bien podrían definirte, pero no buscamos hacer de tu epíteto una tesis, pues esto está más que a varios metros bajo tierra. Saborea tus adjetivos cual placer a la boca, dulces y rancios bocadillos. Siéntelas recorrer hasta por entre tus entrañas, y llega justo al momento en el que la crisis no te deje más alternativas y salidas, más que renunciar a lo forjado, justo como lo hiciste, corre y ve víctima, tras víctima, siempre con cuidado, porque la vida es una ruleta. Ve por ahí corrompiendo lo que sea que no hable sobre maldad y descontrol. Ya lo has hecho una vez, vete, sin rencores porque él se irá y no hay dinero o razón en el mundo que lo haga quedarse aquí.

Aseguras estar perdida, confundida por lo que ha pasado y en medio del susurro del silencio… Lo mataste, dejándolo y renunciando, porque no pudiste hacerlo más fácil. Somos lo que hablamos y, si se sabe mirar, se halla más de lo que sus palabras nos quieren permitir saber, se aprecia el miedo y la necesidad sangre tras esos ojos, es imposible mentir y menos ahora que tiene la mente en su lugar, es imposible creer algo como eso. Mentiras y verdades descompuestas.

El paraíso tiene un precio, cierra tus ojos y págalo.

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